Como
su nombre lo dice, “preocuparse” implica pre-ocuparse.
Es decir, es una fase previa a tomar acción. Una
vez que surge en nosotros el aviso instintivo de un posible problema
o amenaza, el siguiente paso es tomar
acción para evitarlo, y en ese momento desaparece por completo
esa sensación angustiosa que conocemos como preocupación.
El
problema es que muchas veces nos preocupamos por algo, pero nos
estancamos en estar preocupados y nunca pasamos a la fase de las
soluciones. Nos pasamos horas o días pensando en el problema,
en todo lo malo que puede resultar de esa situación, en
lo terrible que sería que aquello sucediera, etc. Pero
no hacemos nada.
Si
tienes una situación que te preocupa en tu vida, te recomendamos
seguir los siguientes pasos:
1.
FASE DE PREOCUPACIÓN. Identifica claramente qué
es lo que te está preocupando. Escríbelo. Que sea
una frase clara y concisa, por ejemplo: “me preocupa quedarme
sin empleo”, “me preocupa que mi pareja se moleste
conmigo”, “me preocupa que llueva mañana que
es el día de mi boda”, etc.
2.
¿ESTÁ EN MIS MANOS HACER ALGO? Pregúntate
si aquello que te preocupa es algo que tu tienes manera de evitar
o de modificar. Por ejemplo, quedarte sin empleo o que tu pareja
se moleste contigo, aunque sí pueden depender de factores
externos a ti, también hay cosas que tu podrías
hacer para evitar o minimizar las probabilidades de
que sucedan. Sin embargo, que llueva mañana en tu boda
es algo que definitivamente está totalmente fuera de tu
control.
3.
FASE DE SOLUCIONES. Si puedes hacer algo por evitar lo
que te preocupa, haz una lista escrita de todas las opciones que
se te ocurran para resolverlo. Es importante que anotes todo lo
que se te ocurra, sin importar mucho si es lógico o no.
Eso lo verás después. En este momento lo importante
es que abras tu mente y la orientes a pensar en soluciones. En
todas las que se te ocurran.
Una
vez que tengas una lista con varias posibles soluciones, entonces
sí vas a descartar las que de plano no vienen al caso o
no son factibles, hasta quedarte con dos o tres que realmente
son viables. Al tener dos o tres soluciones posibles, no sólo
puedes pasar de la preocupación a la acción, sino
que tienes diferentes alternativas en caso de que una
solución no funcione.
4.
SI NO ESTÁ EN TUS MANOS. Si una situación
que te preocupa no está en tus manos solucionar, entonces
lo único que puedes hacer es decidir con qué actitud
enfrentarlo. Supongamos que quisieras que no hubiera tráfico
para llegar a tu casa, pero al salir de tu oficina te encuentras
con un terrible mar de autos. Esto es algo que tú no puedes
evitar. No está en tus manos resolverlo y de todos modos
tienes que pasar por ese tráfico (¡a menos que decidas
no regresar a tu casa!).
Si
estás frente a una situación que no deseas, pero
que reconoces no está en tus manos resolver, lo único
que te queda es decidir si lo vas a sufrir o no. Si de todos modos
vas a pasar por el tráfico, puedes pasarlo enojándote
todo el camino, o adoptando una actitud de resignación
y fluir con la situación. Tal vez puedes incluso encontrar
algo que hacer mientras llegas a tu casa, que te haga el camino
más agradable.
Como hemos visto, la preocupación es muy útil
y necesaria. El punto importante es no quedarse ahí, no
hacer de esta fase una fase permanente, sino que sirva para detectar
el problema y pasar a la fase de soluciones.
Así
es que la próxima vez que algo te esté preocupando,
sigue los pasos mencionados aquí y verás lo bien
que te sientes cuando sales del estancamiento de la preocupación
y comienzas a tomar control de la situación y/o de tus
actitudes.
¡Saludos
y hasta pronto!