Algunos
de los motivos más comunes que nos dificultan decir “no”
son los siguientes:
- Por evitar un conflicto. Si sabemos que negarnos
va a generar una situación problemática para nosotros,
generalmente tendemos a ceder. Sobre todo si esa problemática
nos es significativa, como en el caso del jefe y la junta de trabajo.
- Por
no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como
culpa. Muchas veces, sin darnos cuenta, nos imaginamos lo que el
otro va a sentir si nos negamos. Por supuesto que nosotros solo
lo imaginamos y no sabemos cómo lo va a tomar en realidad
la otra persona, pero nos dejamos guiar por aquello que imaginamos
que va a sentir, y si eso que imaginamos no resulta agradable, preferimos
no hacerlo pasar por eso.
- Por
miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarnos lo que
va a sentir la otra persona si nos negamos, más bien nos
imaginamos lo que va a pensar de nosotros. Esto es un miedo a ser
rechazado, el cual en algunas personas es más marcado que
en otras.
- Por
sentir que no tengo derecho a negarme. Esto generalmente
es un problema de autoestima, en donde damos por hecho que las necesidades
del otro son más importantes que las nuestras, y en cuanto
nos piden algo, inmediatamente hacemos de lado lo nuestro para atenderlos.
El problema
de no saber decir “no” es que después tenemos
que afrontar las consecuencias. Nos obligamos a vivir situaciones
que no deseábamos. Es importante reconocer cuál es
tu necesidad o deseo, y decidir si eso es una prioridad para ti
en ese momento, o si estás dispuesto a ceder a los deseos
del otro. No es lo mismo ceder porque me siento obligado a hacerlo,
que ceder porque yo lo decido así. Y de igual modo podemos
aprender a decir “no” si esto significa poner atención
a nuestras propias necesidades y atenderlas. De hecho, es señal
de buena autoestima. A veces sentimos que decir “no”
por pensar en nuestras necesidades es egoísmo, y en realidad
no lo es, si sabemos cuándo queremos ceder, y cuándo
no.
Esto es lo más
importante para aprender a decir “no”: saber reconocer
cual es tu necesidad, deseo o interés. Una vez que lo identifiques,
solamente tú podrás decidir si en ese momento tu necesidad
es una prioridad para ti, o no lo es. Nadie puede definir esto por
ti.
Tips
para aprender a decir “no”:
1. Pregúntate si lo que te están pidiendo
es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo
detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”.
Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente
de los deseos o las expectativas del otro.
2.
Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta
en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te
digo al rato”, o “tengo que verificar si no tengo otros
compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a
ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo
es algo que tu quieres hacer o no.
3.
Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas
veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos
el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes
dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante.
De lo contrario, es mejor decir “no”.
4.
Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer
exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar
un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”,
pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira,
hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana
sí tendría una hora para ayudarte”.
5.
Si vas a decir “no”, sé honesto y amable.
Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros
pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo
de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”,
no te sientas mal de decirlo. Se trata de que puedas decir “no”
con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo
el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima.
Es mejor decir no con una sonrisa que con cara de culpa, ¿no
crees?
Recuerda: Lo más importante es que tu sepas qué es
lo mejor para ti, qué si va con tus planes y tus proyectos
y qué no. Así es cómo vas a poder ser tú
quien decida cuando decir “sí”, y cuando decir
tranquilamente “no”.