El matrimonio entonces está caracterizado
por una serie de problemáticas motivadas por las necesidades
individuales naturales y socioconstruidas de los miembros que
les exigen para su resolución acciones específicas.
Las acciones están orientadas a una adaptación que
les permita resolver su circunstancia. Dicha adaptación
debe suceder en dos niveles de acuerdo con la naturaleza de los
problemas que hemos mencionado. En un primer nivel la adaptación
del individuo a su circunstancia en el matrimonio, que incluye
la adaptación a su cónyuge. Y en un segundo, la
adaptación de la relación en sí a la circunstancia
ambiental. Ésta se encuentra determinada por los patrones
que los individuos despliegan en interacción con el otro
hacia el contexto del mundo en que habita la pareja. Parece lógico
pensar que estos dos niveles de adaptación determinan mucho
de la calidad de la vivencia del matrimonio y de la satisfacción
de la experiencia. Abordaremos primero el segundo nivel, el de
la adaptación de la pareja frente a su contexto, haciendo
sólo un breve comentario porque ya hemos expuesto este
tema en el capítulo de los problemas del matrimonio. Después
hablaremos de los elementos requeridos en la adaptación
entre los individuos.
Ya hemos mencionado anteriormente la manera en
que los factores instrumentales como la educación, los
recursos económicos, etc. resultan muy importantes para
una pareja. También conectamos ese tema con la importancia
que tiene el apoyo familiar y social que se encuentre disponible
para los esposos. Este aspecto de las redes de apoyo y los recursos
instrumentales con que cuente la pareja representa el elemento
clave para la adaptación de la misma a las circunstancias
y exigencias de su contexto. Es claro que mientras más
recursos tenga un matrimonio en términos instrumentales
y de apoyo social, más fácil le será sortear
las exigencias de su medio.
En cuanto al nivel de la adaptación de
los individuos a la interacción en su convivencia personal,
existen algunos elementos que han sido identificados como parte
de lo que permite ir resolviendo la conflictiva interna de la
relación con el otro y por ende se facilita y vuelve más
eficiente la acción de la pareja hacia los conflictos con
su medio. Hablaremos aquí de las características
que parecen más útiles y eficientes de los patrones
de interacción de las parejas. No debemos olvidar, sin
embargo, que la interacción que estaremos comentando sucede
en un espacio social con expectativas, exigencias, presiones y
transformaciones que permean la mentalidad, la motivación
y la manera de actuar de los individuos. Nos centraremos en la
exposición hecha por unos pocos autores que han estudiado
el fenómeno recientemente y con la perspectiva que nos
ocupa.
De los pocos estudios que encontramos sobre los
temas importantes de adaptación entre los miembros de una
pareja que no fueran relativos a los temas de comunicación,
hay unos cuantos elementos que parecen propiciar una interacción
efectiva de la diada marital. Todos marcan una línea de
actitudes que abren la posibilidad de la experiencia de amistad,
alianza y compañía.
Appleton y Bohm (2001) concluyen de acuerdo con
las narraciones de sus entrevistados que la alegría del
matrimonio y la sensación de aprecio y aceptación
entre los cónyuges puede ser creada a través de
las actitudes que favorecen la amistad, un estilo matrimonial
de compañía y una convivencia de alianza. La orientación
que toma esta amistad está además dada por aquellas
actividades y actitudes que le permitan a los cónyuges
continuar conectándose el uno con el otro. Robinson y Balnton
(1993) coinciden con estas afirmaciones. Argumentan estos autores
que la amistad es un elemento esencial para un matrimonio duradero.
Sin embargo la idea de amistad que mantiene unidas
a las parejas es una amistad con un sentido especial. Se trata
de algo más que la amistad común. Es un trabajo
de equipo con la característica del compromiso como elemento
central. Celments y Swensen (2000) encuentran en su investigación
que el compromiso hacia el cónyuge es el más importante
indicador de calidad marital y que está inversamente relacionado
con la cantidad de conflicto marital reportado por las parejas.
También encuentran una relación directa con las
expresiones de afecto de los matrimonios y la adaptación
de la diada. Afirma que hay indicios de que el compromiso sea
el mejor indicador de la durabilidad de una relación matrimonial.
Appleton y Bohm (2001) citan a uno de sus entrevistados
que define al trabajo que se hace dentro de la relación
como uno que no termina y que representa un esfuerzo de todos
los días, trabajo que sólo se efectúa con
el nivel de compromiso necesario. Este trabajo es un esfuerzo
personal por dar mantenimiento a la relación procurando
mantener las actitudes y el ambiente de la relación de
manera que se logre la cercanía y amistad mencionada. Sus
entrevistados hablan de la elección de mantenerse juntos
y de transformar el conflicto que enfrentan. Comentan de una habilidad
o estrategia para sobrepasar las diferencias y transformarlas
en ventajas útiles para avanzar ante los conflictos y las
exigencias que tiene la relación. En este sentido manejan
la idea de que dejan de intentar cambiar a su cónyuge y
aprovechan los recursos que ofrecen sus diferencias. Los autores
identifican una capacidad para re-encuadrar las acciones del cónyuge
y el conflicto de manera más positiva y útil. Subrayan
el compromiso para respetar acuerdos o seguir intentando mejorar
los acuerdos que toman como una clave que indica respeto y lealtad
a la pareja. El manejo de los conflictos y la comunicación
es subrayada y enmarcada como el instrumento que resuelve la situaciones
conflictivas cuando hay compromiso. Y finalmente observan el elemento
de una compañía con la cual compartir y disfrutar,
con quien se goce de la sexualidad, el humor. La diversión
y las actividades del matrimonio.
La interpretación que cada individuo hace
de la conducta del otro transforma la percepción y repercusión
de los eventos que comparten y es otro de los elementos importantes
en la exitosa adaptación de la pareja. Como lo hemos comentado
ya, la interpretación que los individuos hagan de las situaciones
de su relación y de las conductas de su cónyuge
depende grandemente de las experiencias personales de cada uno
y del matiz social que imponga la transformación de las
ideas y expectativas.
Mordechai (1998) señala la relación
entre la adaptación y buen manejo de conflicto de las parejas
con la interpretación positiva de los actos del otro. Ante
un misma acción negativa se comprueba que algunas parejas
interpretarán una agresión o deslealtad mientras
que otras, más positivas, interpretarán cansancio
o un error ocasional por parte de la pareja. De la misma manera,
ante una acción positiva, las parejas más negativas
interpretarán un acto raro o por conveniencia o no sincero
y las más positivas un acto natural, común y congruente
con la forma de actuar de su pareja dentro de la relación.
Este tipo de comportamiento es explicado por el autor debido a
la generación de ciertos procesos en la interacción
de la pareja que combinan actitudes y habilidades de comunicación
que se comentan más adelante. En resumen se trata de la
combinación de circunstancias y habilidades de los esposos
que promueven la sensación de apoyo, escucha abierta e
importancia e interés por la relación o la crítica,
la cerrazón y el desinterés en la relación.
Estos factores favorecen o impiden el desencadenamiento de emociones
negativas que luego van permeando la interacción de la
pareja, cada vez con más facilidad haciéndose hábito
y conformándose un estilo particular de interacción.
Gottman (1999) hace un buen resumen de mucho de
lo comentado hasta ahora al señalando que un matrimonio
duradero es aquel que mantiene una interacción de respeto
mutuo y disfrute de la compañía del otro lo que
provoca un sentido de amistad que permite que pensamientos positivos
al respecto del cónyuge ganen espacio a los negativos.
Y podemos decir que la estabilidad marital se ve determinada tanto
por la fórmula resultante de la adaptación de las
personalidades de los cónyuges como por las exigencias
de su medio, los recursos que le ofrece y las transformaciones
y cambios que genera en las ideas y expectativas sobre los temas
que afectan a la pareja.
Finalmente nos referiremos al estudio de Olson
y DeFrain (1994) que señala que la cohesión y la
flexibilidad son dos características importantes que se
encuentran en las parejas “fuertes” y que aglutinan
muchos de los elementos que hemos mencionado para la adaptación
en la interacción. De acuerdo con los autores, quienes
coinciden con muchos otros mencionados a continuación,
todas estas características se ven articuladas en las relaciones
exitosas por procesos de comunicación. Los mecanismos de
adaptación entre los individuos se articulan y funcionan
a través de los procesos de comunicación que se
ven permeados de los valores y de los conflictos externos de la
pareja. Los estudios de los procesos de comunicación muestran
algunas de las articulaciones que suceden entre los cónyuges
y que conectan los temas hasta ahora expuestos. Las personalidades,
el mundo social y sus demandas y significados, las necesidades
y motivaciones se tejen a través de la interacción
que gira sobre el eje de la comunicación.