Algunas de las habilidades de comunicación
más comúnmente citadas y usadas por terapeutas conductuales
y de pareja son las que a continuación se describen.
Escucha No-Defensiva (Gottman, 1994). Se trata
de una actitud de escucha honesta, relacionada con la capacidad
de empatizar, en la que se mantiene la conciencia de que es normal
interpretar negativamente las palabras del otro y usarlas para
continuar una pelea en lugar de atender al mensaje que realmente
nos están tratando de transmitir. Es congruente con la
regla de no interrumpir utilizada por muchos terapeutas y ayuda
a respetar la percepción del otro sin tratar de desvirtuarla
en aras de defendernos.
Escucha Activa (Gottman 1994). Se trata de un
concepto que engloba otra serie de técnicas muy usadas
en el entrenamiento de comunicación efectiva y que implican
el transmitirle activamente al interlocutor que lo estamos escuchando
con atención y haciendo el esfuerzo de comprender lo más
fielmente posible sus ideas sin desvirtuarlas (es decir se trata
de hacer señales que le indiquen al otro que tenemos una
postura de escucha no-defensiva). Las técnicas más
populares son el asentir, mover la cabeza, ver a la otra persona
a los ojos, inclinar la cabeza hacia un lado, y demás señales
que animen a la otra persona a seguir hablando. Además
se estimula al oyente a hacer pausas y resumir lo que acaba de
escuchar para corroborar con su emisor que está recibiendo
el mensaje correctamente. Por supuesto se espera que el receptor
no descalifique lo que está escuchando sino que lo valide
como la experiencia subjetiva de su interlocutor, con la consabida
aclaración de que aceptar que el otro haya vivido la experiencia
narrada de la manera en que lo expresa no implica que el oyente
tenga que estar de acuerdo con él o ajustarse a sus deseos,
sólo que puede estar abierto a tratar de comprender la
experiencia del hablante y que puede entender su perspectiva.
Apertura y transparencia personal compasiva. Hemos
decidido usar este nombre para englobar los conceptos más
comunes relativos a la idea de que la “buena” comunicación
en las parejas exige un grado (para muchos autores un “grado
total”) de apertura y revelación de los propios sentimientos
y pensamientos hacia el compañero o compañera. Evidentemente
hay diferentes opiniones que no analizaremos aquí al respecto
de que tanta apertura o privacidad debe una pareja tener respecto
de sus emociones y pensamientos, pero parece que la conclusión
final es que este grado es algo que los miembros de la pareja
deben determinar. Lo que si es casi un consenso y una coincidencia
ente muchos autores es la siguiente lista de aspectos considerados
dentro de este tema. Fowers (1998) hace un resumen muy completo
de las diferentes ideas que muchos autores han tocado a este respecto
y podemos abstraer las siguientes líneas guía que
los investigadores y terapeutas recomiendan a las parejas.
Primero que la apertura o transparencia debe ser
compasiva, como hemos decidido llamarle, en el sentido de que
no debe usarse la honestidad como excusa para lastimar al compañero.
La recomendación de abrir los sentimientos, pensamientos
y deseos siempre tiene la advertencia de procurar expresarlos
de manera tal que provoque el menor efecto negativo o sensación
de crítica o devaluación en el otro. De hecho hay
una corriente de terapia llamada “relationship enhancement”
(Fowers, 1998) que específicamente busca entrenar a los
interlocutores en este aspecto de poder escuchar y abrir sentimientos
echando mano de los recursos de apoyo, escucha, empatía,
etc. necesarios para no generar o permitir la aparición
de mecanismos defensivos en el intercambio.
La apertura es considerada por varios autores
como base de tres aspectos importantes de la relación (Fowers,
1998). Primero como la dinámica necesaria para la creación
de intimidad, segundo como aquello que permite que los sentimientos
que los miembros de la pareja tienen por el otro se mantengan
y tercero porque es la manera en que los miembros pueden coordinarse
con su pareja para satisfacer los deseos y necesidades que experimentan
y que deben coordinar con el compañero.
Dentro de las necesidades y consecuencias más
específicas mencionadas por el mismo Fowers en su ensayo
que implican los tres puntos mencionados se encuentra la idea
de que esta comunicación permite a los involucrados conocerse
más a fondo o que el poder abrirse totalmente con alguien
es una de las necesidades y deseos que pretendemos que el matrimonio
solucione dentro de nuestra cultura hoy en día (cabe aclarar
que la recomendación para los integrantes de una relación
es que vayan creando mayor apertura poco a poco y no de tajo por
que esto es más fácil de hacer y más recomendable).
Así mismo se observa que la comunicación abierta
permite a la pareja hablar y reflexionar sobre sus interacciones
mismas y poder pedirle al otro que cambie o por lo menso intente
cambiar ciertos aspectos de su conducta. A este respecto las recomendaciones
para la comunicación es que sea lo más específica
posible evitando quejas generalizadas.
Como el asunto más crucial de esta recomendación
de apertura para la comunicación es la posible conflictiva
derivada del mal manejo de la comunicación ofensiva en
aras de la honestidad, Fowers liga con este punto otra de las
técnicas y recomendaciones populares en el entrenamiento
de comunicación. Le llama Edición citando a Gottman
y sus colaboradores.
Edición (Gottman, Notarius y Markman, 1976
citado en Fowers, 1998). Se refiera a la habilidad que tiene que
desarrollar los interlocutores para decidir que es lo no relevante
a revelar en una conversación que pudiera resultar ofensivo
o dañino para el otro. Incluye el hábito de buscar
la manera más agradable o amable de presentar las cosas
que se quieren comunicar. La edición es entonces la contraparte
de la apertura y es la técnica que compensa la idea de
compasividad que incluimos para el nombre de la categoría
anterior en este resumen. El equilibrio entre la apertura y la
edición, esto es el grado de apertura que tendrá
la pareja, debe ser decidida por los mismos miembros de acuerdo
con lo que les acomoda, es útil, etc. (Gottman, Notarius
y Markman, 1976 citado en Fowers, 1998).
Algunos
de los aspectos y estrategias descritas en estas técnicas
pueden resultar bastante evidentes y quizá hasta obvios
para muchos de los miembros de nuestra cultura, pero no debemos
perder de vista que es posible que mucho de lo que consideramos
en las técnicas arriba comentadas y sus consecuencias (como
la creación de la intimidad, o el grado de apertura entre
adecuado los cónyuges) puede estar –o mejor dicho-
seguramente está permeado por tradiciones, ideas y construcciones
sociales que le dan realidad para nosotros y en nuestra época.
Queremos hacer este comentario para subrayar que dentro de la
visión que nos ofrece un enlistamiento de técnicas
de comunicación no olvidamos la relatividad que pueden
tener las cosas por su dimensión cultural y que hemos discutido
un poco al hablar de las expectativas frente al matrimonio y otros
temas relacionados.